Historia de la caligrafía, I: Poniendo en valor la importancia de la caligrafía en el campo postal.
Personalmente siempre he pensado que en el mundo de 'lo postal' o de la comunicación epistolar la escritura a mano es un elemento esencial y de identidad, máxime, obviamente, en sus primeros tiempos, antes de la aparición de sistemas mecánicos de escritura (v.g., máquina de escribir). Es un elemento tan identitario de las cartas como los sellos o las marcas de franqueo; más aún que los sellos, diría yo, como veremos seguidamente.
Toda carta que se precie debe llevar obligatoriamente tres cosas (pues si no, no sería realmente
carta): 1) sello de franqueo, 2) marcas de anulación u otras, y 3) escritura a mano, mínimo la dirección del destinatario. Es más, en muchas cartas postales puede faltar la primera, el sello: todos los sobrescritos anteriores a 1850 no llevan sello, pero sí llevan marcas postales y escritura a mano. Y también puede ocurrir que en algunas cartas falte lo segundo, las marcas postales, porque aunque hayan circulado no se las estamparon. Pero
es imposible que falte lo tercero: la escritura a mano. Porque si alguien dice:
"bueno, yo he llevado una cartulina, sin nada escrito, solo con un sello pegado a que me estampen un matasellos de primer día", eso será lo que sea, pero
no es una carta postal.
Por esto mismo, siempre me ha parecido especialmente curioso que, de los tres elementos esenciales: los sellos, las marcas postales y la escritura a mano, en nuestro campo se haya dedicado toda la atención a dos de ellas: sellos y marcas, repartida esa atención al 50% entre ellas si se quiere, y que se haya dedicado el 0% a la escritura a mano. Y mucho más curioso (y atroz) me parece cuando veo a algunos filatélicos discutir o despreciar una pieza porque las marcas postales no están estampadas con la suficiente nitidez, o, peor aún, cuando veo a los hipsters del postureo filatélico discutir o desdeñar una pieza porque ellos solo quieren aquellas con un centrado perfecto del sello

, pero entre sus piezas de perfecta estampación o perfecto centrado pueden hallarse aberraciones a la vista en cuanto a la escritura de las mismas, y eso no parece importarles nunca. Es más, estoy seguro de que hasta en las exposiciones, los jurados valoran la calidad de las marcas expuestas o la calidad de los sellos presentes en esas cartas, pero les da igual la calidad de la escritura de la misma carta.
A mí siempre me ha parecido importante la caligrafía, por ser un elemento esencial de 'lo postal', aunque me arriesgue a ser el único en el mundo que piense así. Y, especialmente
en el campo del arte postal, en donde lo que importa es el sentido artístico de la pieza, la caligrafía es un elemento más esencial e importante (y artístico) que el sello o que las marcas postales. En el mundo anglosajón se llama
lettering al arte de escribir/dibujar las letras y el
lettering es un elemento fundamental y muy valorado en el arte postal. Nosotros no tenemos que recurrir al anglicismo, pues tenemos el término
caligrafía que, etimológicamente, significa exactamente eso:
'escritura bella, hermosa', pues viene del griego καλός (
kálos) = 'bello', ‘hermoso’ [véase
caleidoscopio: del griego
καλός kalós 'bello',
εἶδος eîdos 'imagen' y
scopio, 'ver'] y γράφειν (
gráphein), que significa ‘escritura’ [p. ej.,
telégrafo = 'escritura a distancia'].
Por todo ello, creo conveniente que en este nuestro hilo del Club del Arte postal podamos
reivindicar la caligrafía, así como explicar y aprender un poco más sobre ella, pues además,
desde el punto de vista meramente cultural es también muy bonita conocer su historia. Y aunque es una historia muy larga y compleja, ahora no me voy a extender mucho: sintetizaré lo más esencial en 3 o 4 posts hasta llegar a la caligrafía utilizada por mí en el envío 'Vive la philatélie', y lo dejaré ahí, y la seguiré desgranando con el tiempo cuando en próximos envíos míos aparezcan nuevas formas.
"No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, tan sólo si marchamos por el mismo camino" (Goethe)